
La rebelión contra Dios ha adquirido en nuestra época un carácter sistemático, organizado, militante, y se manifiesta bajo tres modalidades:
ATEISMO CIENTIFICO: “Muchos, traspasando indebidamente los límites de las ciencias positivas, pretenden aclararlo todo por la sola razón científica”. “Los modernistas dan por cosa averiguada y firme que la ciencia debe ser atea, y lo mismo la historia” (Pío X, Pascendi). “El materialismo marxista, exhibe al hombre a experiencias y a tentaciones nocivas en extremo, apaga su verdadera espiritualidad y su esperanza trascendente ” (Pablo VI, 22-V -1966).
ATEISMO MORAL: El ateísmo moral fomenta un libertinaje moral puesto que afirma una autonomía absoluta del hombre y un desarraigo total de Dios. Defienden el ateísmo moral la mayor parte de las doctrinas existencialistas. El ateísmo moral
“incita el deseo de autonomía del hombre hasta el punto de poner en cuestión toda dependencia de Dios. Quienes profesan este ateísmo mantienen que la libertad consiste en que el hombre es fin de sí mismo, único artífice y hacedor de su propia historia” (Gaudium et spes, núm. 20).
Este ateísmo elimina el concepto de culpabilidad y, por tanto, de pecado en el hombre. Así, el hombre cree que no tiene más responsabilidad que la que se deriva de los acontecimientos sociales. Al sentirse el hombre fin de sí mismo y encontrarse con la barrera infranqueable de la muerte, este tipo de ateo cae en la náusea, la angustia y, al final de su vida, en el sentimiento de fracaso.
ATEISMO MARXISTA: El ateísmo más peligroso y agresivo es el marxista, que el concilio Vaticano II exhibe en estos términos:
“Entre las formas del ateísmo moderno no se puede olvidar la que pone la liberación del hombre principalmente en su emancipación económica y social. Pretende este ateísmo que la religión, por su propia naturaleza, se opone a la liberación del hombre, puesto que, al orientar el espíritu humano hacia la esperanza en tina vida futura e ilusoria, lo aparta de la edificación de la ciudad terrestre. De ahí que los partidarios de esta doctrina, en el momento que llegan al poder público, combaten violentamente la religión, difundiendo el ateísmo y empleando, principalmente la educación de la juventud, todos los medios de presión que tiene a su alcance el poder público” (Gaudium et spes, núm. 20).
Para el marxismo, el creyente es un ser alienado que se desentiende de los conflictos del mundo; sólo se libera por el trabajo, entendido en su acepción materialista.
Autor: Ignacio J. P. Neri




















































