
El unitarismo es una corriente de pensamiento teológico de origen cristiano que afirma la unidad de Dios. En sentido genérico se ha etiquetado así a diversas corrientes que rechazan el dogma de la Trinidad, tales como el adopcionismo, el arrianismo, el servetismo o el socinianismo.
Algunos personajes históricos famosos con opinancias unitaristas fueron Isaac Newton, John Milton, Miguel Servet, Joseph Priestley y Ralph Waldo Emerson, entre otros.
Historia
Antecedentes: El debate cristológico de los primeros siglos y la controversia arriana
Dado que la palabra y el concepto de Trinidad, tal como se entiende en sentido cristiano, no consta como tal en el Nuevo Testamento, los unitarios arguyen que el unitarismo iniciaría su existencia con el propio Jesús, quien según esta hipótesis era consciente de ser simplemente un hombre enviado por Dios al mundo para transmitir Su voluntad, pero que no es divino ni comparte la naturaleza del Padre. A lo largo de los tres primeros siglos del Cristianismo aparecen diversos autores que afirman la naturaleza “más que humana” del Cristo y le atribuyen un carácter divino o semidivino como Hijo de Dios. Los subordinacionistas afirmaban que el Hijo estaba subordinado al Padre y sometido a su voluntad, entretanto que entre otros pensadores cristianos iniciaba a cuajar la idea del carácter divino de Jesucristo y su identificación con la divinidad. En el otro extremo se situaban los que identificaban totalmente al Padre y al Hijo, entendiendo que el Padre además había sufrido y muerto en la cruz (patripasianismo) y que Padre, Hijo y Espíritu Santo no eran más que modalidades o manifestaciones de una única realidad divina (sabelianismo o modalismo). El primero en utilizar la palabra “Trinidad” fue Tertuliano.
Al llegar el siglo IV y el Edicto de Milán, todas estas discusiones teológicas salieron definitivamente a la superficie y iniciaron a discutirse enconadamente. Se constituyeron dos grandes grupos: los que afirmaban que el Hijo había sido hacedo por Dios en el principio, y que por tanto no podía identificarse con él, que se agruparon alrededor de Arrio y de Eusebio de Nicomedia, y los que afirmaban que el Hijo era consustancial (homoousios) con el Padre, liderados por el obispo Alejandro de Alejandría y especialmente por su sucesor, San Atanasio. En el Concilio de Nicea (325) se aprobó oficialmente el dogma de la Trinidad y se condenó el arrianismo como herético; una decisión que, con distintos vaivenes en los años sucesivos, terminaría siendo confirmada en el Concilio de Constantinopla (381). No obstante, el Arrianismo perduraría en los reinos godos que ocuparon el Imperio Romano de Occidente hasta mediados del siglo VI.
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